
He aprovechado estas fiestas para ir al cine con mi mujer, sin los querubines. Hacía tiempo que no nos dábamos un poco de tiempo para nosotros y decidimos ir a ver, por unanimidad, la prometedora película de James Cameron: Avatar.
La película no defraudó en absoluto. El film estaba repleto de acción, maravillosas imágenes y una envolvente y sugerente banda sonora que lo hacían muy digerible y digestivo, sin apenas notarse el largo metraje.
El guión partía de una idea original y atractiva, que no revelaré por si algún despistado lo desconoce, pero la trama posterior me dejó un regustillo a "remake", o a refrito si se prefiere, de otras grandes y maravillosas películas. Así, no pude evitar evocar a "Bailando con lobos" ante el paralelismo existente entre los personajes de ambos filmes: dos "extranjeros" inmersos en una tribu donde una fémina, ¡oh, casualidad!, era la encargada de explicar qué era el Tatanka (búfalo) de turno o el "te veo", expresión ecológico-espiritual acuñada en la cinta de Cameron.
El épico final me recordó al más emotivo y mejor logrado de "la Misión", donde los jesuitas también se posicionaron junto a los nativos, igual que hará el conjunto de científicos y el marine, enfundados en los cuerpos de sus respectivos avatares.
Científicos espiritualistas y jesuitas espirituales, y un Robert de Niro, otrora soldado, reconvertido a jesuita de la misma manera que el marine de Cameron abraza la fe verdadera del pueblo de los sirks... ¡demasiadas coincidencias!
Paralelismos y semejanzas aparte, la película es muy buena y en algún que otro momentejo logra, incluso a pesar de la acción trepidante, emocionar y tocar la fibra sensible sin caer en ñoños sentimentalismos.
Fue de agradecer, desde un punto de vista puramente estético, la presencia de la siempre sensual y exhuberante Michelle Rodríguez. Más que nada para contrarrestar la ausencia de redondeces neumáticas en la ya "veterana" Sigourney Weaver.
-¡Mira, la de "Perdidos", me señaló mi parienta al tiempo que me daba un suave codazo.
- ¡Ah, sí!, respondí fingiendo despiste, como si la presencia de aquellos voluptuosos labios, y otras redondeces que el decoro me impide nombrar, hubiesen pasado desapercibidos ante el radar de mi testosterona.
¡Que uno ya está viejuno, pero no acabado!
Saludos.
PD: en la cabecera del post iba a poner el cartel publicitario de la película, pero me ha podido más la Michelle. :)