Cine como realidad virtual


Cine y vida, cine y política, cine y filosofía, cine en la realidad y cine en la ficción.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Black Hawk derribado.


Ridley Scott suele regalarnos "obras maestras" en diferentes géneros cinematográficos.
Así, dos de las mejores películas de SF de todos los tiempos, Alien y Blade Runner, llevan su inconfundible sello: el sello de la excelencia y la épica.
Pocas muertes en el cine han sido tan emotivas como la del replicante Rutger Hauer y pocas películas han exaltado la épica grandilocuente como Gladiator.
¿Qué decir de las bandas sonoras? Pocos, exceptuando al genial Sergio Leone, han sabido aunar imagen y sonido en tan perfecta comunión celestial destinada a despertar emociones y excitar los sentidos.
Black Hawk es una maravilla, un emotivo canto a la heroicidad de un puñado de soldados estadounidenses; la gesta de dos francotiradores de élite que voluntariamente se ofrecen para defender la posición de un helicóptero derribado hasta que llegue la evacuación del piloto del mismo.
Cual si de un asediado Alcázar se tratara (sí, nosotros también fuimos grandes) el pequeño helicóptero se convierte en un inexpugnable bastión que repele constantes ataques de enardecidos milicianos somalíes, hasta que los francotiradores se quedan sin munición y se dirigen hacia la gloria eterna, formando parte de la memoria colectiva de un pueblo, el estadounidense, que sí recuerda a sus héroes, los honra y les reconoce sus sacrificadas acciones.
¡Qué diferentes, estos hechos reales que se narran en la película, de la última acción vergonzosa de nuestro otrora glorioso ejército, incapaz de dar cuenta de un puñado de piratillas, también somalíes!
¡Qué diferente de nosotros el americano medio, orgulloso de que su bandera ondee en el portal de su casa, de los españoles apátridas o secesionistas que infectan estas dolorosas Españas!

Existe una tríada de magníficos directores de cine contemporáneos: Kubrick, Scott y Stone, que se han atrevido a mostrarnos la grandeza de la épica en sus obras.
Espartaco, de Kubrick, y a pesar del tufillo marxista que emana de dicho film, quizás sea la mejor película de "romanos" de todos los tiempos, y "Platoon", de Stone, probablemente sea la mejor película bélica jamás rodada.
Sin embargo, Kubrick fracasó en "la Chaqueta Metálica", pretenciosa y aburrida, y Stone hizo lo propio en "Alejandro Magno" (le faltó un hervorcillo para ser genial) mientras que Scott sí consiguió dos buenos segundos puestos tanto con Gladiator como con Black Hawk derribado.
Pero a Scott le corresponde el honor de tener en su haber las dos mejores películas de SF de todos los tiempos, mientras que Kubrick fracasó estrepitosamente con su pastelosa e indigerible "2001, una odisea del espacio" (¡menudo truñaco!)

¡Y el ganador es: Ridley Scott!

Saludos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La vida ante sus ojos.


La vida ante sus ojos es una peli rara, sin duda pretenciosa, absurda e incoherente en opinión de muchos (mi mujer, por ejemplo) pero aceptable e incluso "buena" para otros tantos, entre quienes me incluyo.
La película, desde luego, no deja indiferente al espectador, ya sea provocándole un incontenido acceso de ira (de nuevo mi mujer) o dejándole perplejo, pensativo y algo confuso para acabar preguntado: "¿eso es todo? ¿Así acaba?" (éste fui yo).

Pues sí, a pesar de todo a mí me gustó, principalmente por cumplir dos criterios imprescindibles, a saber:

- Su trama, en verdad llena de "lagunillas", me impidió quedarme dormido en el sofá como viene siendo habitual, no tanto por ser un viejuno, obligada aclaración, como por el hecho de que últimamente las películas que veo se me antojan soporíferas y aburridas. Primer punto, pues, a su favor: estimula la mente y despierta el seso, que diría Manrique, haciéndonos contemplar cómo se pasa la vida y cómo se viene la muerte, tan callando, de una joven adolescente.

- Sin embargo, "la vida ante sus ojos", aun faltándole algo más que un hervorcillo para ser una obra redonda, algo más que buenilla o "pasable", resulta una magnífica vía de catarsis emocional. Estamos ante una película para sentir, pero sobre todo para evocar vivencias y recuerdos aletargados en nuestra memoria.
¿Se le puede pedir más a una obra cinematográfica?

Supongo que mi mujer, aficionada desde jovencita a la lectura de novelas policiacas (Aghata Christie sobre todo) no pudo evitar sentir la frustración de su analítico y en exceso racional hemisferio izquierdo, tan dado él a diseccionar meticulosa y racionalmente la realidad.

- ¡Es absurda!, exclamó visiblemente airada al terminar la película.

Yo defendí la peli como buenamente pude, intentándole explicar el malabarismo genial del director al hacer que la vida pasara ante los ojos de una joven justo antes de morir, pero no su vida pasada como suele ser habitual, sino una hipotética vida futura que habría de tener en caso de sobrevivir a su destino fatal, ¡he ahí la genialidad! (inevitable no recordar "la última Tentación de Cristo")
Vale, reconozco que la peli, "genialidades" incluidas, apenas logra el difícil objetivo de hacerle ver al espectador medio sus "complejas intenciones", pero a mí ya me valió su visionado para evocar y deleitarme en los recuerdos de mi pretérita juventud.
Así, recordé a mi antigua profesora de filosofía, de la misma manera que la protagonista recordaba insistentemente, durante el film, a un profesor que marcó su vida.
Pero recordé, más concretamente, un libro cuya lectura nos recomendó mi díscola "profa": "Justine", del pervertido "Divin Marquis".
Y es que, viendo "la vida ante sus ojos", resulta también del todo imposible no ver "las vidas paralelas" de sus dos protagonistas con las dos hermanas tan dispares que retratara Sade en su "Justine": la justa y la pecadora.
Si tuviese que ser osado, que a fe mía lo soy, diría que "la vida ante sus ojos" es una moderna adaptación de "Justine", pero con un giro inesperado en el desenlace final, muy del gusto del catolocismo redentor de pecadores y salvador de almas.
También recordé a mi amigo del alma, tan diferente a mí, ahora erudito catedrático y reconocido escritor; evoqué la rebeldía de mi juventud, rockero indomable, que en absoluto "casaba" con su carácter virtuoso y dócil de buen cristiano, pero ésa ya sería otra historia...

Saludos.

domingo, 22 de noviembre de 2009

La hija del general


Ayer me dio por ver "La hija del general", una magnífica película protagonizada por Travolta y Madeleine Stowe.
Un buen guión que mezclaba temas como el honor, la lealtad, la traición y la intriga bien hilvanados y entrelazados, de manera que se lograba una historia entretenida y, ¡atención!, interesante.
Me ha sorprendido, pero, leer críticas, que si bien no eran malas sí se me han antojado harto "ciegas".
La mayoría de quienes han opinado sobre esta película, en estos mundillos virtuales, ha comentado la intriga militar que parece ser el nudo principal de la trama. Otros, los más resabidillos, como de costumbre, osan alabar o criticar las actuaciones de los actores.
Nadie, sin embargo, ha comentado el tema de fondo que subyace en esta dramática historia y que es, además, el principal: la traición de un padre a su hija.
Dura, muy dura la denuncia de una hija a un padre cobarde, a un padre egoísta que no supo estar al lado de ella cuando fue víctima de una cruel violación en grupo, nada menos que en la prestigiosa academia militar de West Point.
El padre, todo un general del ejército de los EEUU, vende el honor y la dignidad de su hija a cambio de un ascenso.
Así, el padre silente y cobarde, ávido de poder, no sólo rehuye de su principal responsabilidad como persona: estar junto a su hija en difíciles momentos, sino que insta a la joven a que "olvide" lo sucedido, generando en la misma un sentimiento de abandono y, a la postre, una patología postraumática, que será la parte visible del iceberg de la atormentada oficial y psicóloga.

La joven desarrollará una impulsiva y escabrosa conducta sexual promiscua con la generalidad de los hombres del cuartel, y el padre, de nuevo cobarde e irresponsable, obviará e intentará ocultar, por todos los medios a su alcance, una realidad que le parece tan incómoda como vergonzosa y que, sin embargo, es un secreto a voces.

Veía la película y, de verdad, llegué a sentir verdadero asco de aquel tipo frío y calculador, insensible al dolor de su hija, que bien pudo coger una de las muchas pistolitas, a las que seguramente tenía acceso, y haber hecho JUSTICIA, comme il faut!
¿De verdad resulta creíble que todo un general, a quien se le presupone celoso en la preservación del honor y la dignidad de los suyos y de él mismo, pudiera conducirse de forma tan miserable a cambio de un plato de lentejas en forma de ascenso?
Pues sí, ¿acaso no es de suponer que las reiteradas ofensas al honor de los españoles, que han quedado impunes en Irak, el caso Alakrana, Faisán o en los últimos acontecimientos en aguas gibraltareñas, no valen oportunos ascensos?

Saludos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Heart (Magic Man, 1976)


Un poco de musiqueta para alimentar los espíritus y afrontar el comienzo de una nueva semana de la mano de Heart.

¡Por fin lunes!

Quienes sean padres de díscolos bambinos entenderán qué significa la libertad de los lunes, cuando ya las fieras están recogidas en el colegio, y se puede disfrutar de tiempo para escribir chorraditas como la presente en internet.
¿Quiénes pueden descansar los fines de semana habiendo niños de por medio?
Ayer domingo, como de costumbre, los bambinos asaltaron el lecho conyugal a tempranas horas de la mañana. Se frustró el plan de permancer en la cama hasta pasadas las diez. Bueno, me dije, aún me quedaba la siesta.
Pero ayer ni siquiera pude echarme mi reparadora siesta dominguera, pues se adelantó mi mujer durmiéndose en el sofá, y hube de mantener a raya a los querubines alborotadores.
Tampoco me pude permitir degustar mi güisquito de malta, ya que la bambina me requirió para que jugase con ella. Suerte que pude convencerla para que dejara sus muñecas enganchándola a un divertido y adictivo juego de "machaca bichos". Y, claro, no tardaron en aparecer las discusiones por tal de ver quién de los dos acababa con más alimañas.
La jornada terminó con la lectura conjunta de "Kika superbruja" (ya se acabaron los Gerónimos Stilton) y ya tarde, muy tarde, una cervecita y una frugal cena a base de queso y algunos aperitivos fueron el acompañamiento para ver Start Trek XI.
Venga, va, me dije, ¿a qué no hay huevos de ver una peli de Start Trek enterita?
Llevaba poco más de una hora cuando mi mujer, sorprendida, me preguntó:

- ¿De verdad estás viendo un Start Trek?
- Ostras, sí, resulta curiosillo ver a los eternos protagonistas de la saga, capitán Kirk, Spock y demás, cuando estos no eran más que unos pipiolos y unos rebeldes jovenzuelos. Me parece original, contesté a mi anonadada mujer.

Sin embargo, a medida que la peli avanzaba, Start Trek XI se comenzó a aparecer irremediablemente a cualquier otro Start Trek: Viajes en el tiempo, batallitas interestelares, aburrimiento y, de repente, un sueño profundo que invadió al mendas que suscribe.
¡Imposible!, otra vez será...
Supongo que algún dia de estos podré ver un Start Trek de principio a fin, y podré, así, optar a mi certificado de friki interestelar (juás)
¡Feliz lunes!

martes, 3 de noviembre de 2009

Nos dejó José Luis López Vázquez.


Todavía recuerdo sus gestos, sus películas, su chillona voz cuando las circunstancias se torcían y nada parecía salirle bien en aquellos filmes, plagados de guiones cómicos y entrañables, que interpretó.

Aquí en una actuación memorable, junto a la también inolvidable Gracita Morales.

¡Qué descanse en paz!

martes, 27 de octubre de 2009

Los tres padrinos.


Ayer me permití el lujazo de volver a ver "los tres padrinos", aprovechando que mi mujer leía un libro con la guardia baja, cuando siempre suele estar presta para criticar mi afición por revisionar "clásicos".
Mucho se ha escrito sobre este western atípico, desconocido para muchos y considerado como "obra menor" por algunos críticos sesudos.
A mí, sin embargo, me encanta, pese a sus lagunillas narrativas, su bizarro guión o la pretensión, poco disimulada a mi parecer, de aspirar a convertirse en un nuevo cuento navideño del estilo de "¡Qué bello es vivir!" (Capra)
Me recordó a otra supuesta "obra menor" del maestro Ford: "La patrulla perdida", en la cual encontramos también al desierto como protagonista y la lucha de un puñado de hombres por sobrevivir a sus inclemencias.
Es curioso, pero en ambos filmes se trata el tema religioso de forma harto distinta, pues mientras que en "la patrulla perdida" un ferviente creyente (Boris Karloff, nada menos) acaba perdiendo la razón y la ligazón con la cruenta realidad, llegando a delirar cual fanático dogmático, en "los tres padrinos" se nos muestra una visión más positiva y amable de la fe.
Así, en "Los tres padrinos", una Biblia se erigirá en destacada protagonista junto a un gran elenco de actores: John Wayne, el vitalista y siempre enérgico Pedro Armendáriz y Harry Carey Jr.
Es una película para sentir, en absoluto para ser ejemplo de "guión coherente" o para mostrarnos notables interpretaciones que, de hecho, son sobresalientes debido a la calidad de los actores.
No pude evitar fijarme en una secuencia memorable y premonitoria:
Pedro, uno de los tres padrinos, queda malherido en el desierto y decide poner fin a su sufrimiento con un disparo. Años más tarde, el actor Pedro Armendáriz que daba vida al personaje, también decidiría, fuera de la ficción, acabar con su vida al diagnosticársele un cáncer terminal.

¿Cómo se llamaría el pequeño que, tras la muerte de su madre, quedaría a merced de la buena voluntad de sus tres "improvisados" padrinos, forajidos para más inri?

- ¡Robert!, insistía orgulloso Wayne.
- ¡No!, ¡ Robert William!, matizaba Carey.
- ¡Robert William Pedro! acababa sentenciando Armendáriz.

¡Genial, de verdad!

Saludos.

PD. En la foto de cabecera los cinco protagonistas: Robert, William, Pedro, el pequeño Robert William Pedro, y la Biblia.

sábado, 17 de octubre de 2009

Katyn, "la verdad" bolchevique.


Acabo de ver los 15 minutos más espeluznantes del cine actual: La última escena de "Katyn", que recrea el genocidio perpetrado por el ejército rojo, durante la invasión de Polonia, contra 22.000 oficiales polacos.
La extinta URSS sólo reconoció semejante barbarie en 1990, después de haber intentado inculpar a los nazis de tan brutales crímenes durante los juicios de Nuremberg.
¿Cuándo reconocerán nuestros "buenos" rojeras los Paracuellos, checas y viles asesinatos (sacas) que protagonizaron durante nuestra GC al grito de ¡viva la URSS!?
Dicen que la historia la escriben los vencedores, pero nuestros inmorales rojeras nos están demostrando que también la pueden "reescribir" los cobardes revanchistas; aquellos que prohiben homenajes literarios a grandes escritores por haber sido falangistas (Foxà), o que destierran la memoria del Alcázar por tal de borrar los innobles actos que cometieron los subversivos revolucionarios, pero también para borrar de la historia la grandeza de quienes fueron españoles de bien.
Ahora, nuestros resentidos, quieren declarar nulo el juicio al traidor Lluís Companys, sin preocuparse de los otros "juicios" que acabaron con la vida de José Antonio, Maeztu y otros tantos buenos españoles.
Mientras en "Katyn" su director, Andrzej Wajda, nos recuerda el sacrificio de los oficiales polacos, asesinados mientras se aferraban a sus rosarios y entonaban sus últimas plegarias, Amenábar, fiel heredero de los rojeras saqueadores de templos y asesinos de clérigos, vuelve a insistir en el mensaje ateo de sus correligionarios, aunque para ello deba pervertir la historia como hace en Ágora.

Saludos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Patrick Swayze (la muerte de un rebelde).


Se nos fue Patrick Swayze, uno de los chicos rebeldes de Coppola (the osutsiders) que también repetiría como rebelde en la entrañable serie de TV "Norte y Sur".
Siendo adolescente, 14 o 15 años, me leí la pequeña y deliciosa novela de Susan E. Hiton sobre el greaser Ponyboy y su pandilla.
La película de Coppola, adaptación de la novela, me gustó, aunque donde mejor recuerdo a Swayze es en el papel de sudista en la mencionada serie "Norte y Sur", junto a un malvado y perverso David Carradine.
Seducido por el carisma y la gallardía de Swayze en el papel del honorable oficial Orry Main, cometí el imperdonable error de ir a ver al cine "El guerrero del amanecer", un TRUÑO (en mayúsculas) de los peores que recuerdo haber visto.
Que descanse en paz.

Saludos.