
Ayer por la noche, antes de acostarme, me decidí a ver una película que tenía reservada para un momento tranquilo y relajado.
Una vez que los bambinos se entregaron al sueño más profundo, y cerveza en mano, me acomodé para disfrutar de lo que intuía sería un buen film.
Sí, "La Carretera" es una buena película, en realidad muy buena, pero también terriblemente dura e inquietante. No recuerdo una película que me haya provocado tanta angustia (¿"Johnny cogió su fusil", quizás?), hasta el punto de pensar en varias ocasiones que sería mejor dejar de verla. Total, sufrir gratuitamente, pa ná, iba a ser tontería...
Pero no, me obligué a verla, porque, al igual que sus atormentados protagonistas, esperaba ansioso algo de esperanza en medio de tanto desconsuelo; deseaba para aquellos seres luchadores (un padre y su hijo) una salida humana y digna al terrible drama de sobrevivir en un mundo inmoral, ingrato y hóstil, donde los alimentos eran un bien tan valioso como escaso.
Una excelente película para pensar, realmente, qué somos, quiénes somos y hasta dónde nos pueden conducir terribles circunstancias adversas.
Ser de los "buenos" o de los "malos", la eterna cuestión a la que se enfrentaba el pequeño protagonista que creía, a pesar de sobrevivir en un mundo cruel donde imperaba el canibalismo, que él y su padre debían ser buenos a pesar de todo y contra toda adversidad.
¡Joder, una película "humana, demasiado humana", dolorosamente humana!
El final fue genial y agridulce, trágico pero a la vez esperanzador.
No cuento más, debéis sufrirla.
Saludos.
