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domingo, 2 de enero de 2011

Los señores del acero


He vuelto a ver la magnífica película "los señores del acero", una obra maestra que nunca fue suficientemente reconocida.
El inicio es genial, tan sólo unos minutos para presentarnos a todo el grupo de protagonistas a través de un improvisado acto litúrgico en medio del asedio a una ciudad: el cardenal, que es un tipo dogmático y más frío y rudo que los propios mercenarios, las mujeres, siempre prostituyéndose a cambio de unas monedas, y los soldados, mujeriegos, borrachos y sin atisbo de temor alguno ante la muerte.
"Si estos dos pervertidos mueren sin recibir la Sagrada Comunión arderán en el infierno eternamente", le comenta el cardenal al capitán refiriéndose a una pareja de soldados homosexuales.
La película lo tiene todo: acción y tórridas escenas subidas de tono, y me atrevería a decir que el film es uno de los más fieles retratos cinematográficos que he visto sobre la Edad Moderna; épica y honor, política y traición, el noble intelectual, el mercenario, el clero supersticioso...
Una época de transición política, ideológica y religiosa, donde la pólvora comienza a sustituir al noble acero, donde comienzan a aparecer nuevos remedios médicos para combatir a la terrible peste negra.
Obligado es también, para todo gañán que se precie de serlo, hacer mención a las varias secuencias de suculentos desnudos que protagoniza la erótica Jennifer Jason Leigh, obsequio del lascivillo Paul Verhoeven.

Saludos.

PD: La banda sonora me pone los pelos como escarpias; música épica y grandilocuente, comme il faut, de la mano de Basil Poledouris
¿Qué quién es este tal Poledouris?
Fue un erizador de vellos, un creador de emociones, un maestro de la épica musicada, fue, en definitiva, quien dotó de vida y espiritualidad a "Conan, el bárbaro". ¡Casi ná!